
Ahora debemos volver a nuestra dura realidad y mentalizarnos en el torneo local, un fútbol que de profesional solo tiene el nombre y que con el paso del tiempo los problemas económicos lo alejan cada vez más del primer mundo. Un fútbol cuya organización e infraestructura distan mucho de lo que pudimos apreciar en la Copa del Mundo, y que cada vez se desprende más rápido de sus jóvenes talentos, pero que sin embargo sigue despertando la misma pasión de siempre en cada uno de los hinchas.

Sin dudas costará ver los sábados por la mañana partidos como Rentistas-La Luz o Rocha-Juventud en campos de juego totalmente venidos a menos, cuando un mes atrás los sábados a la misma hora podíamos observar encuentros de la talla de un Argentina-Alemania o un Uruguay-Corea del Sur, pero como dice Kesman “es lo que hay valor”, por lo que deberemos volver a acostumbrarnos a lo nuestro, que por otra parte es lo que nos llevó a ser los cuartos de mundo.
De todas maneras hay cosas positivas para resaltar acerca de lo que viviremos en nuestras canchas a partir de agosto, en comparación con lo que vimos en el Mundial sudafricano, ya que seguramente la pelota Penalty no se moverá como la Jabulani, y nuestros oídos podrán descansar de las molestas vuvuzelas.






